Hay millones de niños viviendo en las calles de Latinoamérica. La mayoría de nosotros hemos escuchado acerca de ellos o tal vez los hemos visto en las noticias, algunas veces las necesidades son tan grandes y las condiciones tan difíciles que podemos tener la tendencia a sentirnos abrumados. ¿De dónde vienen esos niños? ¿Qué los obligo a irse a las calles? ¿Qué podría hacer la diferencia en sus vidas?

La vida en la calle

lifeonthestreet01

Ellos comienzan como víctimas de la negligencia, abuso físico y sexual o pobreza extrema en sus propios hogares. Los niños que viven en estos hogares a menudo comienzan a alejarse de sus familias, pasando cada vez más tiempo en la calle y finalmente terminan viviendo allí.

A veces, un niño es expulsado de su hogar precipitadamente debido a un cambio repentino en la dinámica familiar, como la muerte de un familiar o el rechazo de un padrastro. En ocasiones para ellos es más seguro vivir en la calle que en su propio hogar. Finalmente, se van a la calle con la esperanza de escapar de sus problemas, pero solo consiguen cambiarlos por otros como la explotación sexual y la delincuencia.

three boys for webLa vida de un niño en la calle es desesperadamente solitaria, a pesar de que está rodeado de gente. Vive marginado, frecuentemente drogado con inhalantes o cualquier droga que consiga para poder aguantar el hambre y el frío, para hacer frente a sus sentimientos de miedo, desesperación y para escapar de su dura realidad.

Estos niños trabajan duro cada día para sobrevivir.

Casi todas las noches se van a dormir en la fría acera de concreto, los túneles de las alcantarillas, techos o en estacionamientos. Están expuestos a la violencia y a conductas ilegales todos los días. Las bandas y las autoridades locales pueden golpearlos si los descubren. Se ven obligados a luchar solos por el resto de su vida sin la ayuda de los padres o del gobierno. Perfil de un Niño de la Calle

Cómo los alcanzamos 

howWeReach

Desafortunadamente, la mayoría de ciudades en Latinoamérica no tienen centros adecuados para atender a estos niños y jóvenes en riesgo. La única esperanza que ellos tienen es la supervivencia, su único sueño es no pasar hambre y la única oportunidad que tienen es que alguien, en algún lugar los ayude.

 

Dios quiere entrar en las vidas de estos niños que están en las calles. Él quiere que amemos a los que crecen sin amor. Nuestra pasión es acceder a las zonas abandonadas de las ciudades y hacer brillar un rayo de esperanza en la vida de los niños que viven solos y desolados en la calle. Haciendo un esfuerzo para ir a ellos, conocerlos justo donde están, sucios, hambrientos e incluso drogados, es imprescindible comunicarles que los amamos tal como son y permitirnos establecer una relación de confianza con los niños desde el principio.

Nuestro contacto permanente con los niños que aún viven en la calle varía en función de la participación de los grupos de voluntarios nacionales, quienes son entrenados y preparados, para alcanzarlos de manera eficaz. Nuestro deseo es tener constantemente gente solidaria y comprometida a pasar tiempo con los niños, desarrollando relaciones sanas, escuchándolos, cuidándolos y ayudándolos en sus situaciones.

Alcanzar este objetivo requiere de la participación de los creyentes de las iglesias locales con un corazón para alcanzar a estos niños, una profunda convicción de que ellos son valiosos a los ojos de Dios, y el compromiso de invertir el tiempo y los recursos necesarios. Se necesita tiempo para romper los muros de la desconfianza y ganarse el derecho a ser oído, de modo que podamos ofrecerles una solución para su soledad y desesperación. Estamos esforzándonos por desarrollar esta área vital del ministerio de Niños de la Luz.